¿Es mucho o poco el alcohol que llevaban en su sangre estas personas?. La azafata no pilotaba y es de imaginar que estaba fuera de servicio (en el Yakolev había dos tripulaciones al completo, cada una con piloto, copiloto, dos TCP o azafatas, un ingeniero y un ingeniero de vuelo). El copiloto llevaba una concentración de alcohol que superaba el límite máximo permitido en 0,32 g/l. Con 0,52 g/l se habla de «intoxicación ligera» y estado de «euforia», encontrando ya una disminución de la atención, ligera incoordinación, autoconfianza, enlentecimiento de las respuestas, brusquedad en la conducción, locuacidad, menor inhibición…

Esos son los valores de las alcoholemias en el momento del accidente. ¿Son fiables?, ¿se han alterado con posterioridad?, si lo han hecho ¿en qué sentido?, ¿las muestras de sangre ganaron o perdieron alcohol?, ¿por qué dice el informe que la cifra de alcohol en la sangre del copiloto se debe a la descomposición de los órganos internos y a la ingestión de gases durante el accidente?

Hay dos causas fundamentales que pueden aumentar la alcoholemia en una muestra de sangre tomada del cadáver: primero, la difusión pasiva del alcohol desde tejidos en los que se encuentra a mayor concentración a los tejidos vecinos en los que esté a menor concentración; por ejemplo desde el estómago a las cavidades cardiacas cuando el fallecido hubiera ingerido alcohol y éste se mantuviera en la cámara gástrica al morir; y segundo, la producción de alcohol potmortem, por microorganismos que provocaran una fermentación de la glucosa en el cadáver, entre el momento de la muerte y la toma de la muestra, o posteriormente sobre la sangre en el tubo de ensayo.

La difusión de alcohol de unos tejidos a otros requiere del inicio de los fenómenos de putrefacción, que la muestra de sangre se hubiera tomado de las cavidades cardiacas y que la mayor concentración de alcohol se diera en el estómago, es decir, que el fallecido hubiera ingerido alcohol y que estuviera en el estómago todavía por encontrarse en fase de absorción al fallecer. Se puede descartar ésta como causa de un aumento del alcohol en las muestras de este accidente.

La producción de alcohol etílico por microorganismos (Clostridios, E. Coli, Streptococcus faecalis, Lactobacillus, C. Albicans…) que proceden del intestino grueso o de la piel abierta, no es inmediata pues requiere que estos agentes vayan invadiendo los tejidos vecinos y la sangre, y eso lleva tiempo. Estos gérmenes producen además del etanol otras sustancias como isopropanol, butanol, acetona, acetaldehido, sulfuro, metano.., sustancias que antes de la cromatografía de gases eran analizados como etanol, lo que inflaba aún más las cifras de alcoholemia. La forma de descartar esa producción de alcohol postmortem sería analizar la muestra por cromatografía de gases por espacio-cabeza (GC-FID HS). Esta técnica permite diferenciar sustancias gaseosas distintas del alcohol etílico producidas por los microorganismos y que no existirían a esa concentración si la causa hubiera sido la ingestión de alcohol.

El desarrollo en la muestra de microorganismos que pudieran tener una actividad generadora de alcohol se puede evitar mediante el uso de conservantes como el Na F al 1% y manteniendo la muestra en frío (por debajo de los 4º C).

Lo de la ingestión o inhalación de alcohol, como gas procedente de la explosión tras el accidente, es sencillamente absurdo, pues estamos hablando de víctimas ya cadáveres, sin circulación sanguínea, ni ventilación pulmonar. Esta teoría nos la tendrían que explicar más detenidamente para convencernos, porque de otra manera «no cuela».

Para salir de dudas, siempre cabría la posibilidad de hacer un estudio especial, poco habitual, por ejemplo la búsqueda en la muestra de sangre de algún biomarcador, por ejemplo, el generado en el hígado para degradar el etanol, el etilglucuronato. Si el alcohol procediera de una explosión no se encontraría ese metabolito porque el hígado del ya cadáver no habría llegado a actuar, y si por el contrario, aparece esa sustancia, es porque esa persona habría ingerido alcohol y el hígado vivo estuvo produciéndola como catabolito. Otros biomarcadores son, el etilsulfato, y el 5 hidroxitriptofol y el 5 hidroxiindolacético, en especial la relación de ambos 5-HTOL/5-HIAA (con el consumo de alcohol aumenta el 5- HTOL y disminuye el 5-HIAA).

En el caso del Yakolev todas estas posibilidades de ganar alcohol serían descartables ya que los cadáveres fueron rápidamente recogidos y transportados a cámaras frigoríficas y además la temperatura ambiental en el monte Pilav no aceleró la putrefacción. Ocurre que los microorganismos necesitan un tiempo y un ambiente favorable para multiplicarse y actuar, y no fue éste el caso.

De igual manera que hay causas que elevan los valores de las alcoholemias en las muestras de sangre postmortem, también existen otras que disminuyen esos valores. Se refieren esas pérdidas fundamentalmente a la inadecuada toma, transporte y almacenamiento de la muestra; al tiempo de sobrevida (en este caso no se valora, pues la muerte fue inmediata); y en menor medida a la posibilidad de pérdidas por los fenómenos putrefactivos (oxidación microbiana aeróbica y/o anaeróbica del etanol), es decir, por bacterias que destruyesen el alcohol ya presente y lo degradasen.

Entre los fallos en la preservación de la muestra, la que determina una mayor pérdida de alcohol es la existencia de cámara de aire entre el nivel de la sangre y el tapón del recipiente, lo que permite una evaporación del alcohol.

Para evitar las variaciones en los resultados analíticos se siguen una serie de recomendaciones para la recogida de las muestras que se refieren a los tubos de toma de las mismas, que serán de un solo uso, rotulados con los datos de la persona, sitio, hora, tipo de muestra…; al uso de un conservador como es el NaF 1-2%; a no dejar en ningún caso cámara de aire; a cuidar la cadena de custodia; a mantener y transportar a 4º C y si es posible a -20º C.

Hay distintas técnicas para detectar el alcohol etílico pero la más fiable con diferencia es la cromatografía de gases por espacio-cabeza, ya que separa los distintos gases de la muestra que pueden así ser identificados y cuantificados.

¿Cómo, dónde y por quién, fueron analizadas las muestras recogidas por los forenses turcos tras el accidente?. Según el informe de la Comisión, se realizaron 22 analíticas, (a toda la tripulación exceptuando al piloto carbonizado y a varios pasajeros), pero no especifica dónde. Por un informe de Sanidad Militar como luego veremos, se conoce que hubo análisis realizados por personal ucraniano, ya fuese en laboratorios de Ucrania o en laboratorios de Turquía, y análisis realizados por personal turco, éstos últimos en el Instituto Toxicológico de Estambul. Las técnicas analíticas utilizadas por ucranianos y turcos fueron diferentes.

Según refiere la Comisión de investigación, de las 22 analíticas 15 resultaron negativas y siete fueron enviadas, es de imaginar que porque dieran positivas, al Centro de Análisis Químicos de Estambul para su cotejo, y de ellas 3 dieron «restos de alcohol». Todos los análisis fueron supervisados y validados por dos químicos especialistas independientes del Departamento de Análisis Químicos de Trabzon.

¿Son fiables esos análisis?. España a través de sus representantes acreditados en la Comisión de Investigación pidió una estimación de las pruebas que se habían realizado y de ahí surgiría la petición del informe a que se refiere El Periódico de Aragón.

El periódico publicó, el 1 de julio de 2.004, que había tenido acceso al informe elaborado por el Cuerpo Militar de Sanidad, a petición del general médico Vicente Navarro, sobre las pruebas de alcoholemia practicadas por especialistas ucranianos y turcos para la elaboración del informe médico de la Comisión de Investigación (el informe lo pidió el general Navarro pero entendemos que a su vez a él se lo pidió “alguien” en Defensa).

Para la elaboración del informe se buscó la opinión de especialistas del Instituto de Toxicología de Barcelona, y del Instituto Anatómico Forense de Madrid.

En el artículo de El Periódico de Aragón leemos:

  • «Respecto a la metodología empleada por los expertos ucranianos, el informe de Sanidad Militar indica que el sistema utilizado ´es muy antiguo, poco o nada reproducible y presenta numerosas interferencias`».
  • «No se especifican las condiciones de conservación de la muestra desde su recogida hasta su envío al laboratorio, el tiempo transcurrido desde la toma de la muestra, ni el estado del cadáver».
  • «Aunque los equipos empleados sí eran los adecuados, en cambio, los métodos carecían de lo necesario ´para cuantificar el alcohol`».
  • «El modo empleado exige muchas manipulaciones de la muestra, lo que puede generar pérdidas de las sustancias volátiles».

Igualmente, las críticas afectan al trabajo del Instituto Toxicológico de Estambul, que empleó un método conocido como espectrofotometría visible: «No se indica el tipo de envase en el que se recoge la muestra, el tiempo que transcurre hasta su entrega al laboratorio ni las condiciones de almacenamiento de ésta».

Al explicar las carencias se cita un fragmento de un manual del doctor Luis Segura, quien destaca los inconvenientes de esa clase de extracción, que provoca «pérdidas notorias que invalidan los resultados». «Estas técnicas están en desuso», afirma.

Los informes dejan en el aire la posibilidad de demostrar la embriaguez de uno de los pilotos, al no llevarse a cabo una segunda prueba.

«La falta de datos sería suficiente para que cualquier tribunal invalidara todos los datos relativos a los análisis por falta de garantía y condiciones. Los análisis efectuados por el laboratorio de Ucrania y por el laboratorio de Turquía no cumplen las recomendaciones internacionales que deben garantizar la calidad de las mismas», subraya el informe.

Observamos que el informe previene sobre la posibilidad de pérdidas (o sea, que los niveles de alcohol determinados en el estudio estén falseados «hacia abajo»); sobre el uso como técnica de estudio por los turcos de la espectrofotometría (método inespecífico pues otros alcoholes además del etanol dan positivos) en vez de la cromatografía de gases, y como corolario, advierte que las analíticas realizadas serían anuladas por el tribunal por falta de fiabilidad.

El diario reveló la existencia de ese informe, en julio de 2.004, cuando el procedimiento civil por el accidente estaba en fase de instrucción en Zaragoza, y cualquiera de las partes pudo hacerse legalmente con él, y solicitar su inclusión en el sumario, pero no le interesó a ninguna, por lo que, «si el informe de Sanidad Militar no entró en el sumario, fue porque nadie lo introdujo».

Defensa le pidió a Navarro el informe y es seguro que éste lo tramitó, pero desconocemos el porqué después no se hizo uso de ese estudio que Defensa misma había promovido, ni se solicitó la realización de unas segundas pruebas…

¿Quién y cuándo filtró ese documento a El Periódico de Aragón? Son muchos los documentos filtrados a periódicos de Zaragoza, y del grupo PRISA, referidos a este accidente. Son documentos que se publican cuando interesa, en el orden que interesa y que se quedan atascados en las redacciones sin que pasen a engrosar sumarios.

El doctor José Cabrera Forneiro, psiquiatra forense y experto en toxicología, a raíz de lo apuntado por el fiscal turco Cobanoglu sobre la presencia de alcohol en la sangre del copiloto del Yak, fue entrevistado el mismo día 23 de octubre de 2.003, para el programa Hora 14 en la cadena SER, manifestando su «incredulidad ante la noticia de que el alcohol detectado en la sangre del copiloto procediera de la combustión de sustancias químicas presentes en el avión«, tal y como había afirmado el fiscal. Según Cabrera: «era científicamente inadmisible esa posibilidad«.

Lo precisó: «En un avión tan grande como el Yakovlev hay algunos alcoholes, por ejemplo en el aparataje. Cuando el aparato explota, esos alcoholes se consumen, desaparecen por la combustión». «El alcohol no entra en el organismo por ningún otro método, sobre todo siendo cadáver. Si algún residuo pudiera impregnar los cadáveres sería exterior, quedaría a nivel de la piel«.

En su libro «Yo estuve allí» publicado en verano de 2.009, el mismo José Cabrera escribe, en un capítulo dedicado a sus recuerdos del accidente del Yak-42, y refiriéndose en concreto a la alcoholemia de la tripulación: «El ministro de Defensa del momento, ante las preguntas de la oposición, solicitó informes respecto a la posibilidad de que los pilotos hubieran dado positivo en alcohol, preguntas que debían ser respondidas por los técnicos de Defensa, pero que mira por dónde, algunas acabaron oficiosamente en mí.

La cuestión era simple: ¿Cómo podía detectarse alcohol en unos cuerpos carbonizados si el alcohol se quema rápidamente y no deja residuo salvo agua?, ¿Se había derramado alguna botella de alcohol, por ejemplo del botiquín del avión?, ¿Se llevaba alguna carga de alcohol no identificada?. No tenía sentido, no podía detectarse alcohol en aquellos restos y la hipótesis de que los pilotos habían bebido se desmontó rápidamente, no sin una agria polémica en el Congreso de Diputados, y en aquel debate tuve algo que ver aunque fuera de rebote, era mi participación en la investigación».

Lo primero, expresado de forma más espontánea e improvisada en una entrevista en directo, y lo segundo más meditado y escrito seis años después de acontecido. Los alucinógenos párrafos del libro están transcritos de manera textual; son esos con exactitud. ¿Qué había pasado para que un divulgador tan claro, fácil y comprensible, escriba eso tan surrealista e indescifrable aunque lo leamos diez veces de manera detenida? Palabras cuyo sentido, como en El Quijote, «no se lo sacara, ni las entendiera el mismo Aristóteles, si resucitara para sólo ello»

La respuesta la tenemos un poco más adelante, cuando el mismo Cabrera nos cuenta, refiriéndose a la Asociación de Familiares del Yakovlev, que: «llegaron a mí, como perito, y por la vía más estrictamente privada, para solicitarme un Informe Médico Legal en el que aclarase las posibilidades del análisis de ADN, su técnica, qué tipo de familiar era más aconsejable para su comparación con las víctimas y sobre todo qué más podían hacer para demostrar a ciencia cierta que tenían toda la razón y que las identificaciones habían sido una chapuza encubierta y consentida por la Administración. Estaban preparando un viaje a Turquía para donar muestras de ADN como familiares y de esta manera poder comparar esos análisis con los recogidos por los turcos en su día«.

En 2.003 el doctor Cabrera era un forense independiente que emitió una opinión libremente, y a partir de 2.004 ya era «perito de parte, por la vía más estrictamente privada». Al parecer, si la ciencia no cambiaba, su interpretación sí podía cambiarse y adaptarla a las circunstancias.

El afán de protagonismo del doctor Cabrera, que se nota en el mismo título del libro, le empuja a fotografiarse con el tema Yakovlev, a forzar ese capítulo, no lo puede evitar. Su espíritu gremial, sin embargo, le obliga a pasar de puntillas sobre un tema, el de las alcoholemias de la tripulación, acerca del cual ya emitieron sus conclusiones los peritos de la Comisión años antes.

El forense se gasta su corporativismo cómo y con quien quiere, y lo hace con sus compañeros, los funcionarios judiciales, jueces y forenses; no con los médicos, como tendremos más ocasiones de comprobar. Cabrera no podía andar sin pisar los callos a sus colegas, pero le resultaba imposible dejar de entrar en el tema Yakovlev…

Volviendo a los valores de alcohol en sangre de los dos miembros de la tripulación ucraniana (0,52 g/l del copiloto y 3,53 g/l de la azafata), ¿qué valor clínico tienen?, porque esos son valores «finales» después de cinco horas de vuelo, pero ¿cómo variaron a lo largo del viaje?.

El alcohol una vez ingerido se absorbe por difusión pasiva a nivel gástrico (25%) y sobre todo intestinal (75%). A «estómago vacío» la absorción es más rápida y a «estómago lleno» la absorción se enlentece. Ya en la sangre, pasa por el hígado donde experimenta una biotransformación y eliminación, de manera que el alcohol se convierte en acetaldehido y después en acetato, para ser finalmente eliminado por pulmón, orina, saliva… A igual consumo, en cantidad y grado de alcohol, se detecta una mayor concentración en sangre en el sexo femenino.

Tras la ingesta del alcohol, al principio predomina la absorción y se da un incremento de la alcoholemia, hasta un máximo en el que empieza a dominar la transformación (2ª fase de la gráfica).

La pendiente de la gráfica en la fase de eliminación se calcula dividiendo la disminución de la alcoholemia Δa, por el incremento del tiempo Δb. El valor de la pendiente es la constante de eliminación β, o constante de Widmark, cuyo valor varía entre 0,10 y 0,20 g/l/hora (se aplica el valor promedio 0,15 g/l/hora). Luego 0,15 g/l es lo que disminuye la alcoholemia en una persona normal cada hora de manera aproximada.

Si la persona continúa bebiendo puede ocurrir que se obtenga una gráfica con varios picos, en zig-zag, hasta un máximo en el que se inicia la fase descendente donde predomina la transformación y eliminación.

El copiloto tenía 0,52 g/l cuando se estrelló el avión, después de las cinco horas de vuelo, lo que nos dice que entró en el avión con 0,15 × 5 = 0,75 g/l más de alcohol en sangre, con 1,27 g/l en concreto.

La azafata que falleció con 3,53 g/l tuvo que entrar según estas cuentas con4,28 g/l (esto es difícil de aceptar pues supondría que subió al avión en un estado de coma etílico). ¿Cómo explicar entonces las cifras? La respuesta estaría en el hecho de que ella, al estar fuera de servicio continuara bebiendo durante el viaje y fuese incrementando su alcoholemia. Hizo una curva parecida a la segunda gráfica y estaba en cifras próximas a máximos.

Además hay que tener en cuenta otros aspectos menos objetivables pero no menos importantes que los análisis de alcoholemia:

«La resaca«. La borrachera la estaba pasando el copiloto en la cabina «sin dormirla». Incluso con cifras normalizadas de alcohol en sangre está comprobado que se multiplican por cuatro las posibilidades de accidente durante la resaca, según la Sociedad Española de Neurología y diversos estudios, entre ellos los encargados por la aseguradora inglesa RSA. Esta mayor tendencia a la siniestralidad es causada por la hipoglucemia, el cansancio y la deshidratación, que provocan una disminución de la atención, una peor coordinación pies-manos, fallos en la visión y sentido de las distancias…

Cambio en el mando del avión. Tras el fracaso de la maniobra de aproximación en el aeropuerto de Trabzon y dos minutos de silencio cambió la voz del interlocutor del avión con el controlador de la torre. Se podría suponer que pudo ser el copiloto quien tomara el mando de la aeronave.

Se puede pensar: «si el piloto es el que hierra la operación y deja el avión en manos del copiloto, es de suponer que fuera por considerar que iba «en mejor estado». ¡¿Cómo iría el piloto?! Otros datos, que luego veremos, dejan claro que la cosa debió ser más enrevesada, y que el avión continuó en manos del mismo piloto, o pasó a manos del piloto de la tripulación de reserva, y el que salió de la cabina a buscarlo fue el copiloto.

Por estar carbonizado, al cadáver del comandante Volodymyr Kutsenko nos dijeron que no se le pudo tomar muestra de sangre para el estudio de la alcoholemia. Ya veremos…

Maniobras incomprensibles La prueba del algodón, es el comportamiento atontolinado de la tripulación que primero falla la aproximación, después vuelve a fallar la aproximación y se coloca encima de una carretera próxima a la pista, y después perdiendo por completo la orientación se lanza contra las montañas creyendo que se encontraba sobre el mar.

Las voces. Se habló de realizar un estudio de las grabaciones mantenidas entre la cabina del avión y la torre de control de Trabzon para estudiar, por la voz, el posible estado de ebriedad de los tripulantes, pero no se supo nada más de ello. La velocidad y el tono al hablar, los carraspeos, los silencios, sospechosos de amodorramiento. Además, a través de ellas podría saberse quien estaba en cada momento al mando. Es de suponer, que se conservaran también las conversaciones mantenidas con todos los controles en tierra, en especial las mantenidas con la torre de Manás a la salida, momento en que la alcoholemia debía tener valores máximos.

EL COLMILLO DEL NEANDERTAL

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