EL FISCAL COBANOGLU

En Turquía, el fiscal es el gestor del accidente, el que instruye el caso y el que custodia las pruebas, y es por lo tanto, el responsable de averiguar quiénes han sido las víctimas, conseguir su identidad, y después, entregar los cuerpos a sus familiares o representantes.

Junto con los cadáveres el fiscal hace entrega de una autorización para que puedan ser registrados como fallecidos allí, y con ello, obtener el certificado de defunción del Registro Civil local, en este caso el de Maçka.

En el caso Yak-42 hizo entrega de los cuerpos sin esperar a que se completara la identificación y entregó los 75 cuerpos, españoles y ucranianos, sin acompañarlos de esa “nadería” de documento que era la carta-autorización para apuntarles en el Registro Civil turco.

Como el fiscal no firmó las autorizaciones, las víctimas no fueron registradas allí. Ese certificado del Registro Civil local era el primer e indispensable documento en las diligencias de repatriación de las víctimas a cualquier país fuera de Turquía.

CADENA DE INCUMPLIMIENTOS

El proceso de repatriación de un cadáver desde el extranjero es comparable a una carrera de relevos en la que cada corredor no sale hasta que no ha recibido el testigo del anterior. La falta de esa autorización fue el primer eslabón de una larga cadena de irregularidades administrativas que desde Trabzon llegó hasta España, hasta los registros de los cementerios en los que fueron inhumadas o incineradas las víctimas, ¡sin un solo documento!.

Funcionarios turcos de la fiscalía, de la aduana y de la sanidad exterior turca, nuestro cónsul, y hasta los mismos pilotos de los aviones españoles que transportaron los féretros fueron con sus incumplimientos los primeros eslabones de esa cadena, los eslabones que provocaron la salida de los cuerpos de las víctimas sin documentación alguna.

PACTO A TRES BANDAS

El fiscal jefe Burhan Cobanoglu actuó así porque se lo ordenaron; fue conminado a ello desde su ministerio de Justicia según le contaron los fiscales a la abogada Belkis Baysal colaboradora en Turquía del gabinete Gay-Vendrell: «Cuando recibieron la orden del Ministerio de Justicia turco, que ya había consultado antes con el Ministerio de Asuntos Exteriores, de entregar los cuerpos a los representantes de la Embajada de España…«.

El relato de la abogada no tiene desperdicio: Ministerio de Justicia, Ministerio de Asuntos Exteriores y representantes de la Embajada de España

Se había acordado por representantes de los tres países, Ucrania, Turquía y España, facilitar la repatriación de los restos, y el gobierno turco del recién llegado Erdogán estaba decidido en aquella época a colaborar con cualquier gobierno de la “atractiva” Europa. Poco tenían que ver los intereses del AKP, de tendencia islamista, en 2.003 con sus intereses en la actualidad.

LOS GENERALES NO ERAN NADIE

Los representantes gubernamentales de España y Ucrania con los que se acordó la rápida entrega de los cuerpos tuvieron que ser de alto nivel, ¿embajador?, ¿ministro? No tenían capacidad para tomar esas decisiones los dos generales españoles, ni los forenses ucranianos o turcos; tampoco se podía hacer de manera unilateral o por acuerdo entre dos, tenía que ser un acuerdo a tres bandas, implicarse los tres gobiernos para que aquello fuera viable. Así se hizo. ¿Quién medió ante el gobierno turco por parte española?, ¿el ministro Trillo a raíz de su encuentro en Trabzon con el ministro Vecdi Gonul el día del accidente?, ¿nuestro embajador en Ankara, Manuel de la Cámara Hermoso?

LAS VÍCTIMAS UCRANIANAS SIN IDENTIFICACIÓN FIABLE

Los fiscales turcos ya tenían antecedentes de haber entregado víctimas sin identificación fiable, se vio en el accidente aéreo de Diyarbakir, vuelo TK 634, unos meses antes, y es de sospechar que los ucranianos hubieran repatriado víctimas sin identificar tras el accidente aéreo del lago Constanza un año antes.

Acta ucraniana firmada horas después de la española lo que demuestra que sus víctimas salieron sin identificar como las españolas:

Los cadáveres ucranianos salieron horas después de los españoles firmando el acta, entre otros, el fiscal jefe Cobanoglu, los forenses turcos, y como representantes del gobierno ucraniano, el viceministro de Salud Olekssandr Orda y el director de aviación civil Yurii Kordianyn.

PACTO DE SILENCIO

En las oficinas de la morgue provisional donde se llevaron los cadáveres se reunieron los fiscales turcos, los forenses turcos y ucranianos, y por parte española los generales Beltrán y Navarro, el traductor del consulado A. Jean Pierre y el comandante auditor Alberto Ruiz de los Paños de la Asesoría Jurídica de Defensa, enviado para asesorar a los generales españoles en los trámites de repatriación. No estuvieron presentes en la reunión ninguno de los dos patólogos.

La finalidad de la reunión era la de repartir los cuerpos entre los representantes de España y Ucrania. Al final se firmaron las actas y hubo un compromiso tácito de discreción.

Tras el pacto de silencio, la fiscalía turca bloqueó todos los controles (aduana, sanidad exterior) para conseguir la salida de Turquía de los cuerpos de las víctimas,.

SE SALTARON EL TRATADO DE ESTRASBURGO

El fiscal, Burhan Cobanoglu, «abrió la puerta» para dar salida a los féretros, saltándose el tratado de Estrasburgo para repatriación de cadáveres y restos mortuorios que tienen firmado España y Turquía.

Tampoco se puso en contacto con la justicia española, por lo de la cadena de custodia, se entiende. No se le ocurrió a este hombre.

EL CÓNSUL NO COMUNICÓ CON ESPAÑA

Raimundo Ezquerra, nuestro cónsul en Estambul, no comunicó la salida de los cadáveres al ministerio de Asuntos Exteriores español, ni a la Consejería de Sanidad de la comunidad de Madrid. Así las cosas, en España no se enteraron oficialmente de la llegada de las víctimas; sólo en Defensa.

Escrito emitido por el cónsul español, lleno de justificaciones para explicar la falta de documentación de los cadáveres. Este “saluda” le llegó a Defensa, no al juez del punto de entrada, Torrejón de Ardoz.

MISIÓN CUMPLIDA

Los féretros fueron despedidos con honores militares, pero salieron de Turquía sin documentación.

Los generales Beltrán y Navarro tenían una misión encomendada y la cumplieron; traer los cadáveres a España a tiempo para los funerales. A partir de aquí, sería el juez español quien se hiciera cargo, o al menos eso es lo que les dijeron.

Al llegar a España los generales dieron un “sin novedad ministro”.

E-mail: ran.atletico100@hotmail.com

EL COLMILLO DEL NEANDERTAL

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