EL DÉCIMO RESTO

Hace tres años, Francisco Cardona, padre de una de las víctimas del accidente aéreo del Yak-42 en Turquía, se propuso investigar la información aportada en su día por Javier Jiménez Ugarte, Secretario de Política de Defensa con Trillo de ministro. Éste, entrevistado por El Periódico de Aragón en enero de 2004, reveló que el general turco encargado de coordinar el rastreo de la zona del accidente le había informado de que 10 días después del accidente habían aparecido restos humanos, que fueron inhumados “con el mayor de los respetos y muy cuidadosamente”.

El señor Cardona, con la intercesión de Defensa, contactó con el Ministerio de Asuntos Exteriores de Turquía para consultarle sobre la existencia de esos restos enterrados, y las autoridades turcas contestaron a través de nuestra embajada en Ankara que una pierna, que no se pudo identificar en su momento, fue inhumada en el cementerio de Maçka el 24 de julio de 2003.

ABRIR UNA PIEZA SEPARADA

Tras la respuesta de Turquía, el Ministerio de Defensa solicitó a la Audiencia Nacional que se pusiera en contacto con la justicia turca para aclarar el asunto. Para ello, la Sección Primera de lo Penal instó a la magistrada Carmen Lamela, sustituta entonces del juez Gómez Bermúdez en el Juzgado Central de Instrucción n.º 3, a abrir una pieza separada, adicional a la desarrollada en su día por el juez Fernando Grande-Marlaska como instructor en la investigación del accidente, en la que se investigara lo relativo a ese resto enterrado en suelo turco.

DOS INCONVENIENTES EN LA INVESTIGACIÓN

Defensa comunicó que “el proceso iniciado persigue verificar si el resto enterrado en 2003 puede ser localizado a día de hoy, para adoptar en su caso las medidas oportunas identificación”, pero advertía de dos inconvenientes:

1- En su respuesta, las autoridades turcas argumentaron que tanto las muestras orgánicas de las víctimas del accidente aéreo como las de los familiares utilizadas para su identificación fueron destruidas, tal y como establece la legislación turca.

2- La ministra Cospedal, que pidió al agregado militar español en Ankara que se acercara a la zona para estudiar lo sucedido, fue advertida por aquél de que “los cementerios de las localidades próximas al lugar del siniestro han sido unificados, lo que dificulta la búsqueda”.

¿IMPOSIBLE ENTONCES, LA IDENTIFICACIÓN DEL MIEMBRO?

¿Era imposible la identificación de ese resto al que se referían las autoridades turcas? No sólo no era imposible sino que, con toda seguridad, ese resto estaba ya identificado y se podía saber a qué victima pertenecía. La pierna se correspondía con la muestra nº 85, y su perfil genético se podía consultar:

1- En el sumario 295/2004 de la Audiencia Nacional, cuyo último instructor, el juez Fernando Grande-Marlaska, ocupó entonces el mismo Juzgado que ahora ocupaba la juez Lamela. O sea, con abrir la carpeta del sumario que tendría en una balda de su despacho la magistrada podría haber dado contestación inmediata al requerimiento que se le hacía.

2- En el expediente que sobre el caso se abrió en el Instituto Forense de Estambul (Adli Tip Kurumu),donde se llevaron a cabo, por la bióloga Fatima Mukaddes, los análisis de las muestras y cotejos de ADN con familiares de las víctimas españolas.

3- En la fiscalía de Trabzon, que fue la primera en recibir todos esos análisis y cotejos. La fiscalía, dirigida por Burhan Cobanoglu, antes de informar a España incorporó los resultados a las diligencias que sobre el accidente estaba llevando ella misma (procedimiento penal 2003/24, cerrado a principios de 2006).

4- En el informe elaborado por el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses en Madrid donde se realizaron, por el biólogo Antonio Alonso, las comprobaciones de los estudios realizados en Turquía, y los análisis de ADN de los cadáveres exhumados en España (enero de 2005).

En cualquiera de esos lugares, revisando la referencia, «la ficha», de la muestra nº 85 y su perfil genético se podría saber la procedencia de la misma, y a qué víctima pertenecía, española o no; porque hay que recordar que 13 de ellas no eran españolas.

¿Por qué pensar que la pierna encontrada se corresponde con la muestra nº 85? Porque ya hemos visto que se repatriaron a España y Ucrania los cuerpos y los restos correspondientes a 84 muestras. A cualquier nuevo resto que apareciese después se le asignaría el n.º 85 y el único resto que apareció con posterioridad a la repatriación fue la pierna enterrada en el cementerio de Maçka.

Y es que la muestra n.º 85 existe como nos ha mostrado varias veces Antonio Alonso en sus artículos.

MES Y MEDIO LARGO

Diez días después del accidente, a primeros de junio de 2003, apareció el miembro que fue enterrado el 23 de julio del mismo año. ¿Qué pasó en ese mes y medio largo? Ese lapso de tiempo es explicable por el algoritmo protocolario que se sigue tras la aparición de un resto desconocido:

  1. El general turco que dirigió el rastreo en la zona del accidente lo pone en conocimiento de la fiscalía de Trabzon.
  2. La fiscalía lo pone en manos de sus peritos, los forenses locales, que lo conservan, lo estudian, lo referencian, lo fotografían (lo «fichan»), y toman muestra para su análisis.
  3. La muestra tomada, junto con la ficha elaborada y el material fotográfico, se remiten al Instituto Forense de Estambul, donde se conservaban los informes y las otras 84 muestras. A la muestra recién llegada se le adjudica el nº consecutivo, el 85.
  4. Cuando los de Estambul quedan conformes con la información recibida, se lo comunican al fiscal instructor que ya puede proceder a la inhumación del resto hallado.
  5. El resto es inhumado de manera referenciada y quedará perfectamente localizable por mucha “remodelación” de los cementerios que se hubiera podido hacer.

PRIMER ACTO: LLEGAN LOS RESTOS

El 20 de diciembre de 2019 la ministra de Defensa Margarita Robles, junto al JEMAD, al Secretario de Estado de Defensa, y al Embajador turco en España, recibió en el aeropuerto Adolfo Suárez de Madrid unos restos consistentes en un fémur desenterrado en el cementerio de Maçka, y 23 muestras biológicas (sangre, dientes, piel…) almacenadas en el Instituto Anatómico Forense de Estambul.

Las muestras fueron trasladadas en valija diplomática por el agregado militar en nuestra embajada en Ankara. Desde el aeropuerto se llevaron en un vehículo militar al Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses (INTCF) por indicación de la juez María Tardón que había sustituido a la juez Lamela nombrada magistrada de la Sala Segunda de lo Penal del Tribunal Supremo.

EL DÉCIMO RESTO ERAN ¡HUESOS DE UN ANIMAL!

La juez María Tardón comunicó a los abogados de la Asociación de Familiares de Víctimas del Accidente del Yak-42 que los forenses del INTCF concluyeron que la pierna desenterrada en el cementerio de Maçka eran ¡tres huesos de origen animal! que no habían sido analizados por los forenses turcos al desenterrarlos.

Sin ser estudiados en Turquía son enviados al España, al INTCF, ¿y quién estaba ahora de director del INTCF? Exacto, nuestro biólogo estrella, Antonio Alonso, nombrado meses antes para ese cargo por la ministra de Justicia Dolores Delgado, quien le definiócomo un “claro exponente de profesionalidad y vocación pública”.

SEGUNDO ACTO: LA JUEZ TARDÓN HIZO ENTREGA DE MUESTRAS

La juez Tardón hizo entrega en su despacho a familiares de las víctimas de alguno de los restos contenidos en los 23 recipientes que trajeron de Turquía junto a la supuesta pierna.

Los primeros convocados fueron los padres del sargento Cardona que acudieron acompañados por su abogado Leopoldo Gay. La jueza les hizo entrega de los restos biológicos de su hijo, un molar con hueso alveolar.

NADA ES CREÍBLE

O sea, la justicia española reclama a la turca unos restos óseos, una pierna, aparecidos tras la repatriación de las víctimas sin saber siquiera si corresponden a una víctima española o ucraniana, y los turcos van, los desentierran y los envían sin estudiarlos.

No sólo no les hicieron el estudio de ADN, es que ni se les echó “un vistazo”, no ya por los forenses superguays de Estambul, es que ni siquiera por los forenses locales, los de Trabzon.

Después sí, se cogen esos restos, se les añaden 23 recipientes que tenían almacenados en el Instituto Anatómico Forense de Estambul con restos biológicos de otras tantas víctimas españolas, se meten todos en una valija diplomática que traslada el agregado militar de nuestra embajada en Ankara y viajan a Madrid donde son recibidos por la ministra de Defensa y el embajador de Turquía en España. Desde el aeropuerto con custodia militar son trasladados al INTCF donde son recepcionados por Antonio Alonso, que descubre el origen animal de los huesos.

Este avezado biólogo, que había realizado “8.000 comparaciones de ADN entre las 85 muestras post mortem(pertenecientes a 74 cadáveres) y 98 muestras de familiares (pertenecientes a 56 grupos familiares de las víctimas del Yak-42)…”, y que había declarado en el juicio contra los tres médicos militares como jefe del equipo de peritos del INTCF encargado de corroborar la identidad de las víctimas del accidente, en su día dio por buenas las identificaciones hechas por los turcos por métodos de identificación secundarios.

Así es él, más interesado en encontrar el perfil genético de Miguel de Cervantes que en reconocer que el número de cadáveres en el accidente fue de 75 y que el número de perfiles genéticos encontrados por él fue de 74.

Para mí, nada ni nadie es fiable: ni turcos, ni españoles, ni civiles, ni militares, ni forenses, ni jueces.

EL COLMILLO DEL NEANDERTAL

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