EL TELÉFONO PINCHADO

Contaba el comandante Sáenz de Ynestrillas, hablo del mil novecientos ochenta y pocos, que después de una conversación telefónica continuó con el auricular descolgado y escuchó reproducida la charla que acababa de mantener. Desde entonces decidió comunicarse a través de la cabina telefónica de la esquina de su calle.

Contaba hace poco Bárbara Rey que llevaba tiempo escuchando ruidos sospechosos en el teléfono, hablo del mil novecientos noventa y muchos, y en una ocasión, tras una conversación telefónica con el rey Juan Carlos, cuando iba a colgar dudó pensando que se le hubiera olvidado decirle algo y mantuvo el auricular descolgado; escuchó entonces: “para el magnetofón y no grabes más que ya han terminado de hablar”, a lo que ella contestó con la más fuerte de las imprecaciones nunca escuchada, “sois lo más tonto que hay en este país y parece mentira que estéis ahí por orden de los servicios secretos, sois unos pedazos de burro”.

Estaba el 19 de marzo, día del padre, con mi familia en una terraza tomando el aperitivo y wasapeando con el comandante Molina cuando en la barra de mensajería, o sea, en la casilla donde introducimos el texto, se fue escribiendo de manera espontánea un mensaje: “Dile a mamá que te diga dónde celebrarlo”; confundido, tras esperar unos momentos lo borré, no se me ocurrió nada mejor. Al poco apareció un nuevo texto: “Que mp”, y de éste sí que hice un pantallazo, ahí está.

Desde hace años las relaciones sociales, para lo bueno y para lo malo, están saliendo de la conversación telefónica, del mensaje y del correo electrónico, para pasarse a la mensajería de texto inmediata, especialmente a WhatsApp.

LA ESPÍA QUE ME CLONÓ

– Eso tío, es que te tienen clonado el wasap. Alguien tiene duplicado tu wasap en su teléfono; lo que tu escribes se muestra en su teléfono y lo que pueda escribir él se muestra en tu teléfono. Eso es lo que ha pasado, ¡no le des más vueltas!

Analizando los datos llegué a la conclusión de que me tenía controlado una señora. No me imagino a un espía de los duros, de los inclementes, ni siquiera al mismísio Villarejo, preocupándose de dónde podría celebrar el día del padre; era una mujer y era joven.

La señora tenía controladas también las llamadas que seguían a mis contactos por wasap, dándome en ocasiones “línea ocupada”, cuando ni estaba ocupada, ni había problemas de cobertura. ¿Señales de alarma?, todas y alguna más, hasta en páginas ya seleccionadas y abiertas.

Era ella, controlando mi wasap, mis llamadas y compartiendo todas mis contraseñas; ahí estaba ella, con sus auriculares, siempre alerta, y ahí estaba yo, acicalado, repeinado, metiendo tripa, engolando la voz y poniéndome interesante, hasta cuando entraba en Google para mirar el marca o el as.

La reconozco, cursos de contrainteligencia, terrorismo, operaciones especiales, ciberataques…, pero acabó pidiendo destino en “escuchas” por lo de la conciliación; porque las escuchas hoy las puedes seguir desde casa mientras preparas las lentejas.

PARA ESPIAR ¿A QUIÉN?

Me intereso por el software espía Pegassus desarrollado por una empresa israelí con el que, al parecer, fueron espiados el presidente Pedro Sánchez, la ministra de Defensa Margarita Robles, el ahora presidente de la Generalitat y un buen puñado de independentistas catalanes. Se sobreentiende que el software sólo se contrataba a organismos gubernamentales, servicios secretos, inteligencia militar, fuerzas de seguridad…, vale, pero para espiar ¿a quién?, ¿a los propios ciudadanos?, ¿a políticos, gobernantes, autoridades de otro país?, ¿quién espió a esta gente?, ¿el CNI?, ¿Marruecos? Nuestro CNI para llevar a cabo esas incursiones tiene que tener la autorización de un magistrado especial del Tribunal Supremo, ¡podemos estar tranquilos!

El tal Pegassus te lo meten con vaselina, sin que te enteres: una llamada, un mensaje «cero click», la descarga de un archivo o de un enlace llegado por mensaje, whatsapp, o por una llamada o mensaje sin contestar.

Una vez dentro, el spyware se comporta como un alien, domina todo el dispositivo y hace lo que quiere sin que lo adviertas. Puede activar la cámara o el micrófono, incluso si no se están usando, te coge las contraseñas, te controla tu wasap, los mensajes que mandas o recibes, tu correo, las fotografías que te hiciste en la playa, estás localizado en todo momento por GPS, te graba las conversaciones y la pantalla; está trabajando mientras duermes, te tiene dominado.

NI LUCECITA PROPIA

¿Denunciar las sospechas?, ¿qué vas a denunciar infeliz?, ¿dónde?, ¿en el cuartelillo de la guardia civil?, ¿en un juzgado?, ¿a quién vas a denunciar?, ¿qué motivos tiene alguien para espiarte? Quítate importancia tio, como tú habrá miles de personas controladas, miles, y toda la información recogida drenada a un superordenador.

– ¿Puedes creer que ese software de 2016 no se ha mejorado, que los servicios secretos de cualquier país de medio pelo no se han hecho con su propio software espía, que no se hacen espionajes masivos a cuenta del gobierno?

– Pues yo ya me había hecho a la idea de tener mi propia espía en dedicación exclusiva, una espía que no me quitara ojo, ser su empeño, y ahora resulta que ni puedo denunciar, y que no soy más que una lucecita en un ordenador

– Alma de cántaro, ni siquiera tienes una lucecita propia. Un estímulo concreto, ya sea un contacto reciente o antiguo, una expresión determinada, escrita o hablada, un número…, activan una alarma y se pone en marcha una grabación, tu localización, lo que sea; mientras tanto tú estás ignorado.

EL COLMILLO DEL NEANDERTAL

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