NAMSA, AGENCIA LOGÍSTICA DE LA OTAN

El Ministerio de Defensa español contrataba el transporte de tropas y material fuera del territorio nacional a través de NAMSA, agencia dependiente de la OTAN. Esa Agencia de Mantenimiento y Abastecimiento de la OTAN fue integrada posteriormente en la NSPA (NATO Support Agency), la actual agencia prestataria de servicios y logística de la OTAN.

NAMSA, para los ejércitos miembros de la organización, actuaba de intermediaria y facilitadora de los contratos. Si las aerolíneas nacionales eran reacias a volar a países en conflicto como Afganistán, se encargaba a NAMSA que lo negociara con una compañía aérea dispuesta a hacerlo.

El encargo hecho a la agencia NAMSA para el traslado de los militares no debiera tener nada de sospechoso; sospechosa hubiera sido la salida directa de militares españoles al «mercado negro» en busca de una compañía transportadora. ¿Nos hacemos idea de la desconfianza que hubiera generado este mismo caso en el supuesto de que la contratación del avión hubiera sido el resultado de un trato directo de los militares españoles con la aerolínea ucraniana?

NAMSA, como agencia contratante era la responsable de controlar el cumplimiento de lo acordado con Defensa y de trasmitir las quejas a las empresas proveedoras pues para eso cobraba de su cliente. Defensa le dijo a NAMSA lo que quería y NAMSA, después de un procedimiento administrativo con oferta pública, se lo encargó a Chapman Freeborn que actuó como broker o intermediario, contratando finalmente con la aerolínea ucraniana UM Airlines. Que Chapman subcontratase con cuantas empresas proveedoras tuviera a bien era un asunto procedimental que nada tenía que ver con Defensa.

Se nos presentó la contratación del Yak-42, por políticos y medios de comunicación, como una cadena de empresas parásitas que mordían de Defensa de la que sacaban sus comisiones. Lo cierto es que la longitud de la cadena se autolimita por la cuenta que les trae a esas empresas, ya que cuanto más larga sea la cadena menor será la comisión recibida por cada una de ellas, porque la suma de todas es el precio que Defensa estipuló con NAMSA.

Es como cuando se contrata un crucero con El Corte Inglés; es a él al que se le paga y al que se le exponen las quejas, no al mayorista, que puede ser MSC, Costa Cruceros…, con quien no se tiene relación; y menos aún con otros proveedores concertados. Las quejas se dirigen al primero, que es con quien se contrató el crucero y éste controla los siguientes eslabones.

EL COSTE DEL VUELO

José Bono sigue, entrevista tras entrevista, año tras año, erre que erre, repitiendo la misma cantinela, el mismo mantra: “Defensa abonó 149.000 euros, de los que la compañía ucraniana UMAir sólo recibió 38.500; ¿dónde acabó el resto?

A ver, señor Bono, es que el viaje no se limitaba a traer a un grupo de militares desde Afganistan si no que era un viaje largo y complejo con múltiples escalas; se trataba de un cambio de contingente, de una “rotación”: se recogía al nuevo grupo en España para trasladarles a Bishkek y Kabul, y de allí volverían los militares que habían cumplido misión. El trayecto previsto era: Kharkiv – Torrejón – Zaragoza – Estambul (cambio de tripulación, por otra duplicada) – Ashgabat – Kabul – Bishkek – Trabzon – Estambul – Torrejón – Zaragoza – Kharkiv. Tan largo viaje suponía un gran consumo de combustible y tanta escala el pago de numerosas tasas en los aeropuertos.

LAS CUENTAS EN EL PAÍS

Miguel González en El País, basándose en la documentación que le había filtrado el propio Bono, expuso en mayo de 2.005 las cuentas: Defensa abonó a NAMSA, agencia logística de la OTAN, los 149.000 euros; NAMSA, mediando oferta pública, subcontrató con el broker Chapman Freeborn que, a su vez, concertó con otras empresas que se harían cargo entre otros del pago de combustible (más de 53.000 euros), el handling, tasas de aeropuertos…, para finalmente asignar el vuelo a UMAir.

Ese era el contenido de la información, y éste el titular de la noticia:

¿Se parecen en algo?, ¿a que no? Los que estamos acostumbrados a leer sólo los titulares, la “letra gorda”, sacaríamos la impresión de que la cifra resultante de restar al total de lo abonado lo cobrado por la aerolínea, es lo que se llevaron crudo los comisionistas, un pastón. Miguel González, no es la primera ni la única vez que le da un sesgo acusador al titular de su noticia, que dentro tiene un contenido diferente y hasta opuesto.

LAS CUENTAS DE LA MINISTRA COSPEDAL

Años después la ministra Cospedal reveló las cuentas del vuelo y eran clavadas a las desveladas por M. González, lo que es lógico ya que tenían la misma procedencia, la documentación que guardaba Defensa.

No se quedó callado el exministro Bono, reventó: “¡alguien se metió 111.000 euros en el bolsillo!”; y el presidente de la Asociación de familiares de Víctimas del Yak-42, Miguel Angel Sencianes, lo completó: “multiplicar 43 vuelos por 111.000 euros no justificados arroja unaindecente cantidad de dinero robado a la seguridad de los soldados españoles, con el resultado conocido”.

BONO TENÍA DOCUMENTOS

Bono quiso remachar la acusación y lanzó entonces la especie de que “poseía documentos” relativos al beneficio que “alguien” obtenía con los vuelos militares. Cospedal, burofax mediante, conminó a José Bono a que hiciera públicos esos documentos y los entregara a la justicia.

Bono se había metido en un jardín y reculó, y divagó: que si no se trataba de un documento concreto sobre el contrato del avión, que se trataba de una carta en la que se aconsejaba de manera genérica recortar en gastos por la guerra de Irak… Maestro en retorcer de la verdad quiso quedar de patas y culminó diciendo que haría pública la carta en el caso de que alguien negara su existencia, pero “como nadie la niega no quiero poner la publicidad sobre un almirante que ya no está en ejercicio” (se refería Moreno Barberá, JEMAD con Trillo)

NAMSA RESPONSABLE

En esquema, la cadena de contratación, lo recordamos por tercera vez, fue la siguiente: Defensa encargó el vuelo a NAMSA, agencia logística de la OTAN, y ésta contrató con el broker Chapman Freeborn que finalmente asignó el vuelo a UMAirlines.

Dos años después del siniestro, el director general de NAMSA, Karl Heinz Munzer, en carta dirigida a nuestro JEMAD, Félix Sanz Roldán, reconoció su responsabilidad y se comprometió a incrementar la supervisión de los contratos dando más transparencia a las subcontrataciones.

Curioso lo de NAMSA; se había reconocido responsable pero nadie se atrevió a pedirle explicaciones, hubo un respeto reverencial hacia la agencia de la OTAN, de manera que se la esquivó en todos los procedimientos judiciales: por lo penal en la A.N. y por lo civil en los juzgados de Zaragoza. ¡A ver quien era el guapo que involucraba a la OTAN en el asunto!

Chuleta, el ministro Bono, alardeó de que iba a llevar el caso Yakovlev al Consejo Atlántico de la OTAN, pero se desinfló rápido: “esa carta (la del director Heinz Munzer), es la que me ha facilitado no plantear el asunto hoy en el Consejo Atlántico”.

QUE SE DEN CON UN CANTO EN LOS DIENTES

El caso es que después de que NAMSA se reconociera responsable de la contratación del vuelo, por la vía penal, en la Audiencia Nacional, el juez Grande Marlaska cerró y reabrió el sumario imputando a ocho altos mandos militares por 62 muertes imprudentes, y volvió a cerrarlo en función de sus intereses particulares. El juez Marlaska iba por libre, metía o no en sumario lo que le apetecía, valoraba las pruebas de aquella manera, y como al final no hubo acusación en firme contra ninguno de los imputados debió pensar: “que se den con un canto en los dientes”.

¿Cuándo la comisión de investigación?

E-mail: ran.atletico100@hotmail.com

EL COLMILLO DEL NEANDERTAL

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *